REFLEXIONES DE VERANO, MUSICA MEDICINA Y BAÑO DE GONG

 

 

 

 

Esta mañana, en Linares de Mora (Teruel), he paseado por la Cueva Mona y después he almorzado en la Fuente del Bartolo, dos de los lugares que solía frecuentar con mi abuela paterna Lydia (Linares de Mora, 1914 – Puerto de Sagunto, 1998). Pese a ser mucho mayor que yo, los lazos que nos unían eran muy potentes.

Recuerdo perfectamente mi último Verano con ella en el pueblo, compartiendo los 3 meses estivales de 1997, en los que cada acto cotidiano se convertía en un verdadero ritual de paz y amor: coger endrinas para hacer pacharán, coger moras y comerlas de camino al huerto de su hermana Honorata, comer “patatas jutas” – su plato estrella -, ir a Alcalá de la Selva a La Virgen de la Vega, jugar a “la perejila” o el ” pumpuñet “, y sobre todo compartir tiempo y afecto con la familia. De ella destacaría su aura bondadosa, su paz, su eterna sonrisa… y el don de no pronunciar jamás una palabra negativa sobre nadie. Su periplo vital hizo que viajase mucho con mi abuelo, lo que de algún modo marcó su gran apertura mental.

Todos los cursos escolares desde que tengo uso de razón hasta 1997 deseaba que llegase el mes de Junio para pasar el Verano con mi abuela. De algún modo, la siento más cerca que nunca en los momentos de incertidumbre, y siento que está muy orgullosa de la persona en la que me estoy convirtiendo.

Así, de alguna manera, esa impronta de paz que me dejó la compartiré este Domingo a las 18h en Linares de Mora con una sesión de música medicina a voz y guitarra con Fina Bau, una amiga de Linares que ha tenido la valentía de encontrar su verdadero camino y misión de vida compartiendo su propia sanación a través del gong. Respecto a mi, como trabajador de la fundación http://www.musicosporlasalud.org, puedo constatar día a día que la música ayuda a sanar y curar a personas con todo tipo de dolencias.

En la web de nuestra fundación podéis ver con datos cuantificables y contrastables el poder de la música en el bienestar de las personas. Igualmente, a nivel personal, he podido observarlo en mi padre Emilio (88 años), a quién hace casi dos meses le canté dos canciones en la UCI que, sin duda, contribuyeron en buena parte a su pronta recuperación.

Respecto al evento del Domingo, siento que será el inicio de un nuevo camino, complementario a la labor que realizo en hospitales y residencias de toda España con mi fundación.

 

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